En Argentina la recolección de residuos es una de las peores formas de trabajo infantil y una de las más extendidas en menores de 17 años. La Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes (EANNA), que desarrolló el gobierno nacional junto con Organización Internacional del Trabajo (OIT) evidenció este y otros índices que continúan vigentes. Expertas y expertos en trabajo infantil aseguran que existe una alianza entre instituciones para fortalecer proyectos dirigidos a erradicar este problema.
La EANNA confirmó la tesis de que el trabajo de recolección de residuos está más extendido entre varones. En menores de 17 años, la participación de chicos es de 17,7 por ciento y la de chicas es de 7,1 por ciento. Ese margen se acentúa en el grupo de 5 y 13 años, donde 26,2 por ciento de niños realizan tareas de cirujeo y 8,4 por ciento de niñas desempeñan la misma labor.
El especialista en trabajo infantil de OIT – Argentina, Gustavo Ponce, explicó que la situación de las y los chicos involucrados en el reciclaje de basura se opone en todo a la Convención de los Derechos de los Niños y Niñas. “No pueden acceder a derechos humanos como la salud, la educación, el entretenimiento y muchos otros. Se trata de una actividad cuya modalidad se inscribe claramente entre las peores formas de trabajo infantil”, precisó.
La presidenta de la Comisión Nacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (CONAETI), María del Pilar Rey Méndez, agregó que si bien participan más niños que niñas en el cirujeo, a mediados de la década del ‘90 con la exclusión masiva de adultos y adultas del mercado laboral, esa diferencia declinó. “El cirujeo se convirtió en la principal fuente de recursos de los hogares, involucrando a todo el grupo familiar, en particular aquellos encabezados por mujeres”, aseguró.
“Hoy día participan niños y niñas –dijo Rey Méndez–, pero las tareas que realizan suelen ser diferentes. Las chicas están más vinculadas a la selección de basura. En cambio los chicos se encargan de recuperarla y venderla. Las niñas también se ocupan del cuidado de los más pequeños, mientras que los niños trabajan a la par de los papás”.
Estas conclusiones llevaron a la CONAETI a recomendar en más de una oportunidad la incorporación de la perspectiva de género en la elaboración de estrategias para la erradicación del trabajo infantil en el reciclado de basura, según informó la funcionaria, quien aseguró que ese enfoque se encuentra contemplado en el Plan Nacional de Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil, una de las principales políticas del organismo.
Vulnerabilidades
La Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes reveló por otra parte que los chicos y chicas incluidas en el reciclaje de basura, especialmente menores de 13 años, realizan tareas domésticas y que las horas empleadas en una y otra actividad incrementan la fragilidad del grupo.
La deserción escolar también significa una mayor vulnerabilidad. La EANNA demostró que los y las menores de cinco y 17 años involucrados en el cirujeo en general ingresan al sistema educativo argentino y luego abandonan sus estudios. Evidenció asimismo que el 32 por ciento de chicos y chicas que reciclan basura, repiten algún grado como pasó previo al abandono de los estudios.
La presidenta de CONAETI, Rey Méndez, reconoció que el sistema educativo no contiene a los niños, niñas y adolescentes. Dijo que la situación es peor entre chicos y chicas incluidos en las tareas de cirujeo porque la estigmatización es más profunda, y aseguró que desde la Comisión Nacional se está buscando desmitificar esa labor.
Las propuestas
Entre las iniciativas que abordan este problema se encuentra el Proyecto Recuperar, de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Está dirigido a los y las recolectoras migrantes de Villa Retiro 31 y 31 Bis en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). Eugenio Ambrosi, representante regional de ese organismo explicó que el objetivo de OIM es prevenir y erradicar el trabajo infantil en la recolección de residuos en familias migrantes. Detalló que en CABA el 40 por ciento del total de niñas y niñas involucradas en esta modalidad de trabajo son migrantes, y precisó que en las villas 31 y 31 (bis) viven más de 120 chicos y chicas bajo la línea de pobreza y que la mayoría trabaja en el cirujeo.
“Al desarrollar tareas de recuperación y selección, estos menores sufren accidentes, cortes, enfermedades recurrentes en la piel, infecciones, abusos, inclusive riesgo de muerte, pero tienen dificultades para acceder a los servicios públicos y a las redes sociales, no conocen sus derechos y enfrentan situaciones de discriminación”, amplió Ambrosi.
El Proyecto Recuperar brinda una alternativa económica a los y las adultas migrantes e información sobre los derechos de sus niñas y niños. Se trata de créditos solidarios para padres o madres con propuestas de emprendimientos productivos o de servicios. En la actualidad unos ocho grupos están gestionando los micro créditos y siete de ellos están integrados sólo por mujeres. “Ellas quieren colaborar con los ingresos de la familia, pero al mismo tiempo desean estar cerca de sus chicos para protegerlos”, señaló el referente de OIM.
Una de las conclusiones más fuertes de los organismos que luchan por alejar a la niñez de la basura es que las familias recolectoras tienden a naturalizar no sólo la inclusión en el trabajo de los chicos y las chicas, sino también el consumo de alimentos directamente recuperados de las bolsas de basura. Asimismo niños y niñas no sólo encuentran una fuente de trabajo en el basural, sino que el lugar se vuelve un ámbito de juego y sociabilización.
Redacción de Repatriados - Fuente: EANNA / OIT
Buenos Aires, Argentina.
Avenida 9 de julio, Septiembre de 2007
martes, 12 de febrero de 2008
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