Tierra, economía y género
Según denuncia el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), “desde una perspectiva mundial, las mujeres constituyen la mitad de la humanidad y aportan las dos terceras partes de las horas de trabajo del mundo, sin embargo, ganan sólo una tercera parte del total de los ingresos y poseen menos de una décima parte de los recursos mundiales”. En Africa, también esta situación está exacerbada.
La pobreza ha empeorado en África en los últimos 10 años y los problemas de género ayudan a que esto sea así. Las mujeres son los verdaderos campesinos en África, ya que ellas realizan por lo menos el 70% del trabajo agrícola y la agricultura es de lejos la principal fuente de empleo en muchas de las economías africanas. No obstante, la mayor parte de los ingresos que provienen de la labor económica es controlada por los hombres. Para las Naciones Unidas “no hay duda de que la falta de acceso de la mujer a los recursos productivos de índole económica –y su falta de control de éstos, del derecho de propiedad y de los derechos a la tierra— sí obstaculizan en alto grado la lucha contra la pobreza en África”.
A pesar de la relevancia de la mujer en la producción alimentaria, su acceso a la innovación tecnológica y a los sistemas de crédito es prácticamente inexistente. La mayor parte de los recursos productivos son canalizados hacia los productos de exportación, mientras la mujer continúa explotando tierras marginales con herramientas y tecnologías tradicionales, de baja productividad.
La participación laboral femenina aumenta debido a la migración masculina, sector que busca trabajo en las áreas urbanas. La OIT estima que en algunos países africanos entre la cuarta y la tercera parte de los hogares rurales tiene una mujer como jefe de familias. En estos casos, aún cuando la mujer tiene la responsabilidad del hogar, muy raramente goza de la propiedad de la tierra, hecho que dificulta su acceso al crédito y los servicios de extensión.
En el último Encuentro Panafricano por los Derechos de la Mujer, la parlamentaria de Ghana, Hawa Yakubu, instó a los gobiernos africanos a impulsar políticas que permitan el desarrollo económico de las mujeres. “He visto a las mujeres vivir en la inseguridad, el temor, las privaciones y las carencias –dijo-. Si la seguridad humana supone satisfacer las necesidades humanas básicas, entonces estamos fallando en este punto”.
Algunos indicadores
África cuenta con el 10.8% de la población femenina mundial y con el 14.7% de la población femenina del Tercer Mundo. La mujer africana tiene la tasa de fertilidad más alta del mundo: 6,4. Así, la mujer africana tiene en promedio entre 6 y 7 hijos nacidos vivos durante su vida reproductiva, comenzando con una maternidad muy temprana y teniendo hijos hasta entrada la menopausia. Aparte del récord de fertilidad cuenta también con la tasa de mortalidad más alta del mundo y la más baja esperanza de vida al nacer. Se considera que vive 26 años menos que la mujer del mundo desarrollado y 16 menos que la mujer latinoamericana, a pesar que su longevidad ha aumentado considerablemente en los últimos años, pasando de 37.5 años entre 1950/1955, a 50 a mediados de 1980.
Uno de los graves problemas que enfrenta la sociedad africana es el de la mortalidad infantil: mueren 151 niños menores de un año de edad de un total de 1000 nacidos vivos y 129/1000 niñas. Esto constituye un claro indicador de las condiciones de vida infrahumanas de extensos grupos de la población.
La salud de las mujeres embarazadas y en período de lactancia en África es un aspecto que merece especial atención. La tasa de mortalidad materna va desde 300 al 500 por 100.000 nacimientos en África Sub-Saheliana. En algunas regiones de Etiopía esta cifra sube hasta 2000/100.000. Esto es entre 30 y 200 veces la tasa de los países industrializados. Un alto porcentaje de las mujeres embarazadas sufren de anemia, que causa debilidad y fatiga hecho que no las libera de sus jornadas habituales de trabajo intensivo hasta el momento mismo del parto. La proporción de mujeres cuya concentración de hemoglobina se encuentra bajo lo normal es de 40% para África. El deterioro nutricional de la madre afecta el crecimiento del feto y en África un 14% de los recién nacidos tiene un peso inferior a lo normal.
La discriminación que sufre la mujer es directamente proporcional a la elevada tasa de vulnerabilidad de las mujeres de contraer el virus VIH/SIDA. El VIH/SIDA está aumentado muy rápido entre las mujeres. En África las mujeres representan más del 57% de las nuevas personas infectadas. En muchos casos las mujeres simplemente no tienen derecho a cuidarse. No tienen la posibilidad de decir no. También hay otros factores que aumentan su vulnerabilidad, tales como la dependencia económica, las costumbres socioculturales y las cuestiones jurídicas.
Con respecto a la educación hay que señalar la existencia de un 77% de analfabetismo femenino, contra un 51% de analfabetismo masculino. En África el ingreso femenino a la educación primaria es de un 60% contra un 68% masculino. A nivel secundario la proporción es de 11% para las mujeres y 21% para los hombres. La deserción escolar femenina en los tramos educacionales superiores es muy alta en África debido al matrimonio temprano, embarazo, necesidad de ayudar o hacerse cargo de las tareas del hogar, desempeño de actividades remuneradas, trabajo agrícola de subsistencia, recolección de agua y leña, cuidado de los hermanos menores, etc. A estos inconvenientes se suman la temprana discriminación que se ejerce sobre la mujer, privándola y restringiéndola sólo a ciertos campos tales como economía doméstica, trabajo social, enfermería, enseñanza, etc.
A pesar de todo
Pero la mujer africana, inmersa como vimos en una sociedad que no la tiene en cuenta, ha tenido un rol preponderante en la misma, en la generación de medios de subsistencia -aún en las condiciones más adversas-, en la preservación del patrimonio cultural, en la participación en movimientos sociales y políticos que buscan cambiar el curso de la historia. Estas y tantas otras realizaciones se han dado bajo el signo de una discriminación de sexo, de clase y de subordinación dentro del sistema internacional. En todos los casos ha demostrado su capacidad de actuar como agente de cambio, a pesar de estar lejos de las políticas y de los instumentos que podrían facilitar ese proceso. En esta lucha por el desarrollo y la igualdad, la mujer del Africa ha demostrado históricamente su capacidad e ingenio, que se tornarán más y más importantes para el futuro de la humanidad a medida que la población femenina del Tercer Mundo crece.
Por Marcelo Malagraba
Buenos Aires, Argentina.
Avenida 9 de julio, Septiembre de 2007
viernes, 14 de diciembre de 2007
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